• Hay historias que no comienzan con certezas, sino con preguntas. Historias que se abren paso entre diagnósticos complejos, pronósticos adversos y decisiones que se toman sin un mapa claro. En esos caminos, donde el miedo y la incertidumbre aparecen desde muy temprano, también surgen redes de apoyo, oportunidades y procesos que transforman no solo una vida, sino todo un entorno familiar. La historia de Emiliano es una de ellas.

Emiliano Martín Morales nació el 11 de enero de 2016, sin complicaciones aparentes. El embarazo de su madre, Yuli Xiomara Morales Restrepo, transcurrió con normalidad. Sin embargo, a los 40 días de nacido presentó una convulsión. Fue entonces cuando su mamá empezó a intuir que algo no estaba bien.

Con el paso de los meses aparecieron nuevas señales: dificultades en la visión, luego en la audición y, más adelante, un diagnóstico que cambiaría todo: síndrome de Dandy Walker, una condición neurológica asociada a malformaciones cerebrales. "El pronóstico no era alentador. Me decían que no tenía muchas posibilidades de vida", recuerda Yuli.

A este diagnóstico se sumaban otros retos: baja visión, pérdida auditiva y afectaciones motoras. En ese momento, más que respuestas, lo que había era incertidumbre. Ante la falta de orientación inicial, Yuli comenzó a buscar ayuda por su cuenta. Consultó especialistas particulares, accedió a citas de optometría y pediatría y recorrió distintos servicios de salud hasta lograr un diagnóstico más claro.

Ese diagnóstico de síndrome de Dandy Walker, múltiples afectaciones en su desarrollo y un pronóstico poco alentador marcaron esos primeros meses de vida de Emiliano Morales. Hoy, a sus 10 años, estudia en la Institución Educativa Alcaldía de Medellín y su historia evidencia cómo la determinación de su familia y el acompañamiento institucional pueden abrir caminos donde antes parecía haber límites.

Atención integral

En ese proceso llegó a la Fundación Óyeme, donde Emiliano empezó terapias desde los ocho meses. Allí recibió atención integral en áreas auditivas, cognitivas y de desarrollo. "Fue la mejor decisión que tomé en mi vida", dice su madre.

Durante casi siete años, la fundación se convirtió en un espacio clave para su crecimiento. Allí aprendió a caminar, a comunicarse, a leer y a escribir. También recibió acompañamiento en el Hospital San Vicente Fundación, donde continuó procesos de rehabilitación visual y seguimiento médico.

Con el tiempo, los avances empezaron a sorprender incluso a los profesionales. La audición, que en un momento requirió el uso de audífonos, se normalizó. La visión mejoró progresivamente y su desarrollo, que inicialmente parecía limitado, tomó un rumbo distinto. "Nos decían que no podían explicar lo que estaba pasando, que era un milagro", cuenta la madre.

La escuela, espacio de posibilidades

Hoy Emiliano, con sus 10 años y estudiando en la sede primaria de la Institución Educativa Alcaldía de Medellín, ha encontrado allí un entorno que reconoce sus capacidades y potencia su desarrollo.

En su caso, los ajustes han sido puntuales. La escritura ha requerido estrategias más visuales y acompañamiento metodológico, pero su desempeño académico ha sido autónomo. Este proceso se articula con la estrategia de educación inclusiva del Distrito, que busca garantizar el derecho a la educación para todos los estudiantes. La Unidad de Atención Integral (UAI) acompaña a las instituciones educativas en la implementación de prácticas inclusivas, fortaleciendo la atención a la diversidad y promoviendo entornos educativos equitativos.

Este camino también ha implicado retos en la convivencia escolar. En algunos momentos, Emiliano enfrentó situaciones de burla por sus dificultades en el habla. Sin embargo, estas situaciones fueron abordadas por la institución a través de procesos de sensibilización, acompañamiento docente y apoyo psicosocial. Con el tiempo, el entorno cambió. "Ahora lo quieren mucho. Le dicen 'el amiguito'", cuenta su mamá.

Una familia que se transforma

La historia de Emiliano también es la de su familia. Su mamá, Yuli Xiomara, es madre cabeza de hogar y, desde hace cuatro años, asumió sola la crianza de sus tres hijos: Agustín, de 11 años, quien tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y dislexia; Emiliano, de 10; y Samanta, de 5, quien presenta parálisis en el lado derecho de su cuerpo.

Su día a día combina el cuidado, las citas médicas, los procesos terapéuticos y la gestión constante de apoyos. Tramitó el certificado de discapacidad ante el Distrito, lo que le ha permitido acceder a ayudas económicas y acompañamiento institucional. Además, Emiliano continúa en terapias en el Comité de Rehabilitación de Antioquia.

Sostener este proceso no ha sido fácil. Por eso, junto a su madre –la abuela de Emiliano– creó un emprendimiento de ropa de segunda mano. Empezaron desde casa y hoy cuentan con un pequeño local que se ha convertido en el principal sustento del hogar. Este trabajo conjunto les permite salir adelante y evidencia una red de apoyo entre mujeres que sostienen la vida cotidiana en medio de múltiples desafíos. "No ha sido fácil, pero siempre han aparecido ayudas. Han sido muchos milagros", expresa Yuli.

En medio de este contexto, Emiliano también proyecta su futuro. Hoy es un niño activo, curioso y con múltiples intereses. Le apasionan los carros de alta gama, la música y el canto. Participó en el Festival de la Canción y en iniciativas como Héroes de Papel, donde contó su historia representando a su institución educativa y cuando piensa en el futuro, lo tiene claro: quiere ser restaurador de carros de alta gama y cantante de música popular.

Educación para todos

La historia de Emiliano refleja cómo la educación inclusiva, el acompañamiento institucional y el compromiso familiar pueden transformar trayectorias de vida.

En Medellín, la apuesta por garantizar el acceso, la permanencia y el aprendizaje de todos los estudiantes se concreta en procesos que reconocen la diversidad como una fortaleza. A través de la Secretaría de Educación, las instituciones oficiales cuentan con el acompañamiento de la Unidad de Atención Integral (UAI), que brinda asesoría a docentes, orienta a las familias y fortalece estrategias pedagógicas para responder a las necesidades de cada estudiante.

Las familias que requieran apoyo pueden acercarse directamente a su institución educativa o a la Secretaría de Educación para recibir orientación sobre rutas de atención, procesos de caracterización, ajustes pedagógicos y acompañamiento psicosocial. Además, se promueve la construcción de los Planes Individuales de Ajustes Razonables (PIAR), cuando son necesarios, y el trabajo articulado con otros servicios de salud y bienestar.

Este enfoque busca que ningún niño o niña quede por fuera del sistema educativo por razones asociadas a su condición y que cada proceso esté acompañado desde el reconocimiento de sus capacidades.

Porque, como lo demuestra Emiliano, las posibilidades no siempre están escritas en un diagnóstico. Muchas veces empiezan cuando alguien decide creer que sí se puede, pero también cuando sabe que no está solo y que existen rutas, programas y acompañamiento para avanzar.

Por: Luisa Fernanda Ríos Suárez. Fotos: Luisa Fernanda Ríos Suárez y cortesía. Video: Mariana Navarro. Editor: Juan Carlos Valencia Gil