Emily Echavarría todavía recuerda las primeras señas que aprendió: mamá, papá, abuelo, abuela, tía, tío, buenos días y buenas noches. También recuerda que, antes de decirlas con sus manos, su profesora Janeth del Pilar Lozano Muñetón se las enseñó con paciencia, en un cuaderno, letra por letra, gesto por gesto.
Lo que para muchos podía ser una actividad de clase, para Emily se convirtió en una forma de acercarse a alguien de su familia. Gracias a ese aprendizaje, pudo comunicarse por primera vez con su tía Nubia, quien es sorda. Ese momento quedó marcado en su memoria y también en la de su profesora.
"Gracias a mi profesora Janeth, yo pude comunicarme por primera vez con mi tía, porque mi tía Nubia es sorda. Y yo, gracias a eso, me siento muy feliz", contó Emily.
Janeth es docente de la Institución Educativa Monseñor Francisco Cristóbal Toro, Sección Escuela Epifanio Mejía. Allí, desde el aula, ha entendido que enseñar no es solo compartir conocimientos, sino encontrar caminos para que cada estudiante pueda aprender desde sus intereses, sus necesidades y su propia forma de ver el mundo.


Una seña que abrió una conversación.
Emily estaba en primero cuando comenzó el proyecto de lengua de señas. La profesora Janeth recuerda que, después de algunos encuentros de acompañamiento, la estudiante llegó emocionada a contarle que ya había logrado saludar y comunicarse con su tía.
Para la maestra, ese momento confirmó el sentido de lo que estaban haciendo.
"Cuando empezamos el proyecto de lengua de señas con Emily, ella llegó muy emocionada y me dijo que ya se había podido comunicar con su tía Nubia. Fue algo maravilloso y dije: valió la pena. Si Emily pudo saludar a su tía y su tía se hizo entender a través de la lengua de señas, vale la pena lo que estamos haciendo", expresó la docente.
Desde entonces, la historia de Emily también se volvió una forma de explicar lo que ocurre cuando una profesora identifica una oportunidad y decide acompañarla. No se trató únicamente de aprender algunas palabras en lengua de señas. Se trató de abrir una conversación que antes no había sido posible.
Aprender también es acercarse al otro
Emily cuenta que su profesora le enseñó con un cuaderno. Le mostraba las letras, los saludos y palabras como "gracias" y "por favor". Así, poco a poco, fue incorporando señas que después pudo usar con su familia.
Ese aprendizaje le permitió sentirse más cerca de su tía y entender que la comunicación también puede construirse con las manos, con la mirada y con la disposición de escuchar de otras maneras.
En esa experiencia está el valor de la labor docente: una clase puede convertirse en una herramienta para la vida. Una explicación puede ayudar a un estudiante a relacionarse mejor con su entorno. Un proyecto escolar puede cambiar la forma en la que una familia se comunica.
"Todos los días aprendo de mis estudiantes"
Para Janeth, lo más significativo de ser maestra está en la relación que construye con sus estudiantes. Dice que cada día se prepara para llegar al aula, recibir un abrazo, compartir lo que ha planeado y aprender de ellos.
"Lo más lindo de ser profesora es que todos los días aprendo de los mejores maestros, que son mis estudiantes", afirmó.
Esa mirada resume una forma de enseñar basada en el afecto, la escucha y la capacidad de reconocer que cada estudiante tiene una historia distinta. Para ella, cambiarle el cuento a un estudiante significa llegar a su corazón, tener en cuenta sus inquietudes, sus intereses y sus ganas de hacer las cosas.
También implica mantenerse atenta a los cambios, buscar nuevas formas de incluirlos y prepararlos para la sociedad que van a afrontar.
"Cambiarle el cuento a un estudiante vale la pena desde que sea con el corazón y con las ganas de ellos", dijo Janeth.
Profes que cambian el cuento
La historia de Emily y la profesora Janeth hace parte de "Profes que cambian el cuento", una campaña de la Alcaldía de Medellín que reconoce a los docentes que, desde las aulas, influyen en las decisiones, proyectos de vida y sueños de sus estudiantes.
En el caso de Emily, ese cambio comenzó con unas señas aprendidas en clase y terminó en un momento que nunca olvidará: poder comunicarse por primera vez con su tía. Por eso, al final de su testimonio, Emily no dudó en agradecer.
"Gracias a todos los profesores de Medellín que nos cambian el cuento. Y gracias a la profesora Janeth por cambiarme el cuento".




