Joaquín Arango R.
joacoara@hotmail.com
Institución Educativa Jesús Rey

La asignatura de Castellano es el instrumento eficaz para crear el hábito de la lectura en las y los jóvenes de secundaria, uno de los mayores retos profesionales para los docentes en esa área. Los actuales estudiantes no se acercan a los textos impresos porque los consideran poco funcionales o no sienten atracción hacia ellos. Además, consideran que la lectura es un acto aburridor que sólo conduce al sueño. La mayor dificultad estriba en que para ellos los textos literarios y académicos no les dicen nada, no crean empatía porque en las historias que narra la literatura clásica y alguna moderna no hay algo que los retrate ni los “encarrete”.
Ante este rechazo de las y los jóvenes, podemos tener en cuenta las palabras de Jorge Larrosa y Jean Gennette, y así constatar en qué se fundamenta el reto que enfrenta hoy la Institución Educativa Jesús Rey. El primero, en La Experiencia de la Lectura: estudios sobre literatura y formación, dice que “La vida humana es constitutivamente una hermenéutica, una interpretación, una lectura entendida como juego creador con los signos con los que damos sentido al mundo y a nosotros mismos. Y el papel de la lectura es velar para que esos signos no se dejen absorber como una cosa en el mundo y en el hombre, sino que puedan abrir nuevas perspectivas del mundo y del hombre”. Y el segundo, en Fronteras del Relato, explica que éste es “la representación de un acontecimiento o de una serie de acontecimientos, reales o ficticios narrados por medio del lenguaje, y más particularmente del lenguaje escrito”.
Entonces, los relatos que narran hechos reales son los que impulsan a los jóvenes a identificarse con lo que leen. Además, en esta institución se desarrolla el hábito de la lectura con los estudiantes de octavo grado a través de la exigencia constante de la lectura individual. En este trabajo se tiene en cuenta al estudiante como un ser potencial que crea sus propios signos y se inscribe en el universo a través de los textos que lee. Así, el periodismo literario crea en ellos la necesidad de leer porque estos textos hablan de su mundo, de lo que los rodea, de su microcosmos.
Pero ¿Qué es el periodismo literario? Es aquel periodismo que retrata la realidad, narra hechos de la historia y cuenta vivencias de los personajes con un lenguaje más elaborado. Aquí la estructura de la historia y el lenguaje son más recreados. Hay mayor complejidad en los textos porque la intención no es el chisme, ni la truculencia, ni el escándalo para aumentar ventas. Este género periodístico se destaca por la búsqueda del espíritu del ser humano inmerso en una sociedad compleja, en un universo caótico y cuyas manifestaciones están narradas de otra manera, porque se trata de elevar la condición humana a través del lenguaje.
Por otra parte, lo que buscan los jóvenes en la lectura es el retrato de sí mismos y de la sociedad. En esta institución los estudiantes leen autores que con sus escritos buscan el espíritu del ser humano, las entrañas de los conflictos, recrean los problemas sociales, políticos y emocionales de la actualidad con la intención de encontrar, a través del lenguaje, la esencia del hombre.
En el periodismo literario se humanizan los problemas. Por ejemplo, en Medellín es así, descubrimos las crónicas de Ricardo Aricapa sobre la ciudad; también, conocemos las cárceles colombianas en Penas y cadenas y reconocemos los conflictos humanos de las mulas y los narcotraficantes en Rebusque mayor, ambos de Alfredo Molano. Luego damos el salto hacia narraciones que están en el límite entre la ficción y la realidad. Es así como leemos Historias de la cárcel de Bellavista de José Libardo Porras, pues la forma como están contadas las historias deslumbra por su lenguaje y riqueza narrativa.
Son entonces estas lecturas una manera de conectar a los jóvenes con el mundo de la literatura, pues partimos de la idea de que quien lee lo actual tiende el puente para leer lo clásico. Luego, los jóvenes crean diseños a partir de lo que leen. Cada uno se convierte en el diseñador de la portada de un libro imaginario. Así, cada crónica se convierte en un cuadro en el cual se imprime su sello personal sobre la lectura.
En esta institución formamos y “encarretamos” lectores.