Luz María Zapata: formadora de pequeños grandes genios

Su figura menuda y una que otra cana que asoma en su cabeza esconden una mujer enamorada de la vida, versátil, creativa y a la que ningún reto le queda grande. Nos contó su historia.

Según Luz María, no hay nada diferente en ella por lo cual mereciera un reconocimiento.  Pero ese pensamiento no lo comparten sus colegas, alumnos y directivas de la Escuela Alejo Pimienta, que ven en esta profe y en su labor diaria, una experiencia digna de replicar. ¿Cuál es su secreto?

“Yo, orgullosamente soy una maestra de escuela. Aunque ese no fue siempre mi  rol. Sólo hasta hace unos pocos años empecé a dictar clases en primaria porque un problema de salud me impidió desplazarme de salón en salón como lo hacía cuando dictaba clases en bachillerato”, dice Luz María.

“Cuando se produjo este cambio, toda la imaginación y las ciencias de bachillerato se unieron con la capacidad de asombro de los niños de primaria y eso me dio la oportunidad de sacar adelante muchos proyectos para que sin perder el encanto de ser niños, mis estudiantes se conviertan en grandes científicos”, destaca.

Con este pensamiento dando vueltas en su cabeza, Luz María decidió que para un niño no era un motivo de locura enfrentarse a principios físicos, matemáticos y químicos,  básicos y fundamentales para entender el funcionamiento de la vida.

Fue por esto que ingresó a la Escuela del Maestro de la Secretaría de Educación municipal y se inscribió en las aulas taller y en redes pedagógicas. “La idea era aprender todo cuanto fuera posible para llegar de la mejor manera a los niños. Pero no sólo me quedé con eso. Yo soy una eterna enamorada de las bibliotecas y me dediqué a investigar los requerimientos que planteaban los lineamientos curriculares para poder así planear un programa que acercara a los niños a los conocimientos que parecieran fríos y complejos pero que en realidad son principios básicos de todo cuanto los rodea”, comenta Luz María.

Paso a paso

Pero el plan de esta maestra no ha sido tan fácil como ella misma lo plantea. Han sido múltiples las luchas que  ha tenido que enfrentar para poder dictar hoy su curso de primero de primaria tal y como una vez se lo imaginó. “Dejando de lado ese pensamiento de que los niños solo están en capacidad de recortar, pegar y jugar. Ellos tienen un potencial mucho más grande y hay que utilizarlo”, sentencia esta mujer cada vez que se le pregunta por su objetivo con este curso.

Una de estas luchas la  tuvo que librar en un diplomado de física. Luz María cuenta que cuando me fue a inscribir, dijeron que eso sólo estaba reservado para los docentes de décimo y once. ¡Que a mi cómo se me ocurría que iba a poder poner en práctica esos conocimientos con niños de cinco y seis años! Eso, en lugar de derribarme me animó a sacar adelante mi idea y a demostrarles que un niño puede comprender la esencia de las cosas y que incluso, desde primero de primaria es necesario prepararlos para que entiendan en la posteridad las grandes complejidades”.

Y esa lucha no fue infructuosa. Esta mujer logró incluirse en el diplomado de física y dar allí ideas para que sus compañeros docentes de bachillerato copiaran su metodología y acercaran tal y como ella lo hace con los niños de primaria, a los jóvenes.

“Una de las anécdotas que más me ha marcado fue el día en que tratando de acercar a los niños al cálculo empecé a enseñarles el concepto de lo infinito. Eso sin duda fue un gran reto. Pero me le medí. Y entonces llegué a clase y cogí la tiza y empecé a anotar en el tablero. Primero escribí un uno y un cero y los niños dijeron eso es un diez, y así hasta el diez mil. De ahí en adelante seguí y seguí escribiendo ceros hasta que llené el tablero. Entonces un niño me dijo: “profe ese número es tan grande que está cerquita a los números de Dios”. Y eso, en realidad es el concepto de infinito, algo que no podemos ni entender, ni ver, ni tocar, como Dios. ¿Qué mejor explicación?”, cuenta esta profe.

Su propia metodología

Pero esta maestra no sólo se le ha medido a los conceptos que  parecieran diseñados exclusivamente para mentes experimentadas. Ella, desafiando la cotidianidad decidió involucrar los computadores en el aula, incluso antes de que los estudiantes aprendan a leer y escribir apoyados en su cuaderno.

“De por sí, el concepto de deletrear, de renglones, de letras pulidas y de lápiz y borrador estresan a los niños. Entonces lo que yo hago es que primero los acerco a la tecnología. De esta manera los animo a aprender. Ellos se apoyan en el teclado y aprenden cuál es la letra que necesitan para escribir una palabra, y por ahí derecho van viendo reflejada en la página de Word la forma que tiene cada letra. Después la idea de escribir en el cuaderno es mucho más fácil,  pues ya tienen en su mente la imagen de todo el abecedario y la forma de usarlo para dar sentido a una frase”, agrega.

Pero no sólo en el área de español ha innovado esta maestra. Las matemáticas también llegaron al aula de mano de la tecnología. Y de nuevo, apoyada en una tabla de Word, esta maestra empezó a enseñar los números y su secuencia  los estudiantes.

“Lo que hago es que les pongo los números del 1 al 100 en la tabla pero con algunos baches y los estudiantes los completan, así no se sienten obligados a escribir, a borrar y a reescribir en su cuaderno”, comenta esta profe.

Pero la tecnología, la ciencia y la física no han alejado a esta docente y a sus estudiantes de la naturaleza y la cotidianidad del mundo. Según Luz María, “la idea es que ellos no se olviden de lo que pasa todos los días y que se concienticen de su entorno. Es por eso que creamos un lunario. ¿Qué hacemos con eso? El lunario es un cuaderno en el que los estudiantes anotamos la fecha, dibujamos la forma de la luna, ponemos la ubicación en que está, y por qué lado salió. Así los estudiantes se van dando cuenta del movimiento de la tierra y de la luna sin  necesidad de tiza y tablero”.

Toda lucha tiene su recompensa

Y todo este esfuerzo y empeño de esta maestra se vio recompensado. El club rotario de Medellín le otorgó el reconocimiento de Premio a la Excelencia. Éste se entrega cada año a una persona de la ciudad que se haya destacado en su profesión y servicio a la comunidad.

Pero… ¿cómo llegó este premio a manos de ella? “Resulta que a los instituciones educativas y a la Escuela del Maestro llegó  la convocatoria de hojas de vida para este premio. Y a oídos del Secretario de Educación llegó el cuento que yo había peleado  por ingresar a ese diplomado para enseñarle a los niños principios físicos. A él eso le llamó la atención y fue por eso que le sugirió a la escuela del maestro que me postularan. Eso ya era un gran reconocimiento. Pero después me llamaron del club rotario y me hicieron una entrevista  y fue ahí cuando decidieron que yo era la ganadora, la razón fue que ese empeño y esas ganas de acercar a los niños al conocimiento”.

Ahora ya con este reconocimiento a bordo  y con la tranquilidad que da sentir que el deber se cumplió y ver que el trabajo está dando frutos esta maestra se prepara para cumplir una tarea que hace días tiene pendiente. “Ahora mi compromiso es con los demás docentes. Me propuse por sugerencia de varios jefes y maestros a escribir mi historia para replicar esta experiencia y para que así otros niños de la ciudad puedan disfrutar del conocimiento desde pequeños”, finaliza.

 

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