El actual Secretario de Educación de Medellín, Horacio Arango Marín, habló con el portal Medellín.edu.co y contó su historia de vida. Más allá de ser un servidor público, Arango es un docente por naturaleza: nació, creció y se desarrolló en el mundo de la educación. Esta es su historia:
La familia…
Yo nací en una familia que tiene sus orígenes en el campo, pero mis hermanos y yo crecimos en el barrio Buenos Aires de Medellín. Mi papá es ingeniero y mi mamá es maestra, entonces ya se imaginarán como era de estricto mi hogar. Mientras mi mamá se esforzaba porque nuestra ortografía y redacción fueran impecables, mi papá hacía hasta lo imposible para que las matemáticas fueran nuestro fuerte.
Yo creo que ellos le ponían tanto esfuerzo a nuestra educación porque para los dos fue muy complicado estudiar. En ese entonces ambos vivían en Sonsón (municipio de Antioquia) y desde allá se tenían que venir a caballo hasta Medellín.
Cuando mi papá terminó su bachillerato entró a estudiar en la Facultad de Minas en la Universidad Nacional y mi mamá se graduó como profesora. En mi casa siempre reinó el espíritu del estudio. Tanto mi papá como mi mamá siempre estaban pendientes para que avanzáramos en el conocimiento.
Yo puedo decir que soy un gran afortunado por haber crecido en este ambiente, teniendo en cuenta que en esa época no eran muchas las oportunidades de estudio que se brindaban a las personas de estrato medio como yo. Mis papás hicieron el esfuercito y pude terminar mi bachillerato en el colegio El Sufragio, de acá de Medellín.
La Universidad…
En ese entonces los que pasaban a la universidad eran aquellos que estudiaban en colegios muy costosos o que venían de los mejores públicos. Pero mi colegio era de un colegio de nivel medio. Sin embargo, logré pasar a la Facultad de Minas y me fue muy bien.
Estando allá siempre me destaqué por tener muy buenos resultados, sobre todo en matemáticas y fue por ese lado que empecé a hacer un mayor énfasis. Es por eso que hoy, más allá de ejercer la ingeniería, mi gran campo de acción es la matemática.
Pero había una cosa muy maluca en la universidad. No teníamos amigas. Es decir, todo iba muy bien hasta que llegaba la hora de conseguir novia. Cuando eso pasaba nos tocaba ir por ahí a bailar a ver a quién nos conseguíamos. Esto pasaba porque para esa época en la facultad de minas habían por ahí dos mujeres, y hombres hasta para tirar para el techo.
Cuando me gradúe trabajé como ingeniero un tiempo, y luego de allá me llamaron para que trabajara como docente de matemáticas en la facultad porque les llamaba mucho la atención mi buen rendimiento en esa área.
Fue en la universidad donde me permitieron hacer mis estudios de postgrado y varios viajes al exterior para prepararme. Avancé entonces del estudio teórico de la ciencia al lógico de la computación, es decir, a la programación a través del método numérico.
El mundo laboral…
Después de estudiar, pasé a ser jefe del departamento de matemáticas de la Universidad Nacional Sede Medellín y posteriormente decano de la Facultad de Ciencias. También ocupé algunas vicerrectorias en la Universidad Nacional y en la Universidad de Antioquia y unos años más tarde trabajé en el ICFES.
Después de ocupar tantos cargos, decidí que no quería seguir más en eso y que quería enfocar mi proyecto de vida hacia la investigación, y me dediqué a esto en la Universidad Nacional, pero de allá me sacó Sergio Fajardo (el Alcalde) de nuevo para ocupar cargos, esta vez como Secretario de Educación de Medellín y acá estoy feliz desde 2003.
Esto es precisamente gracias a que trabajar con un tipo como Sergio es una labor verdaderamente grata. Él es un hombre muy inteligente y los dos nos entendemos muy bien como matemáticos.
Desde que yo vivía en el barrio y jugaba con mis compañeros de cuadra pensaba en que sería muy rico que llegara una persona a la Alcaldía que pensara en la inteligencia de los pobres. Yo por ejemplo soy el único profesional de mi barrio, pero no el más inteligente. Es muy triste que a la gente la clasifiquen por la cantidad de recursos que tenga. Por eso también me siento feliz en este puesto, porque acá hemos tratado de brindar una educación basada en la inclusión social, y así poquito a poco, realizo un sueño.
Docente por naturaleza
Pero antes que Secretario soy docente, oficio al que me he dedicado por 35 años. Y es esta profesión la que me ha dado los mejores recuerdos. Uno de los más gratos es que uno puede sembrar la semilla de la curiosidad en sus alumnos y que en algún momento ellos lo superan a uno. La docencia es la que me ha dado la oportunidad de abrirles la puerta de la curiosidad y del conocimiento a mis estudiantes y esa es una de mis mayores alegrías.