Jaime Sierra, un rector fuera de serie

Dónde quiera que él llegue se roba los aplausos. ¿La razón?  Su experiencia de inclusión educativa en la I.E. José Acevedo y Gómez, su capacidad de gestión y el amor por su oficio. Esta es su historia.

Restar importancia a la historia académica, omitir la obligatoriedad del uniforme y prescindir del anecdotario como principal método de represión a la hora de castigar a los estudiantes, son algunas de las ideas que a Jaime Sierra  y a su equipo de docentes se les han ocurrido implementar en esta institución que hoy es foco de reconocimiento en toda la ciudad. Pero, ¿qué lo hizo pensar en este tipo de estrategias?

Todo empezó en el municipio de Ebéjico, ubicado al occidente de Antioquia, donde vivió su niñez, y a los 13 años de edad lo vio graduarse como bachiller pedagógico de la Normal Superior. Después de algún tiempo de ejercer la docencia, Jaime cruzó los 65 kilómetros que separan a Ebéjico de Medellín, para iniciar su pregrado en administración educativa. Después, se presentó al concurso docente del año 1987, y luego fue nombrado como Rector.

Travesía educativa

“Nunca nadie me dijo que esto iba a ser fácil, y de eso estaba consciente. Sin embargo, siempre puse todos los ánimos para esta tarea, y antes de asumir cualquier reto pensaba que si me lo habían encargado era porque tenía todas las capacidades para asumirlo”, dice Jaime.

Fue con ese pensamiento que asumió su primer reto como rector, esta vez en la Concentración Educativa de Cañas Gordas, municipio del occidente de Antioquia.  Hasta entonces, esta institución había tenido la imagen de ser el “rincón al cual enviaban a los maestros que habían tenido alguna falta. Es decir, era el sector del castigo. Por tal motivo, los estudiantes de allí tampoco estaban motivados… Era un ambiente desolador”, agrega.

Para entonces Jaime se convirtió en el rector más joven del departamento de Antioquia. Pero, consciente de esto,  y de la problemática que aquejaba a la Institución, entendió que su tarea  allí era primordialmente el trabajo con los docentes. Él sabía que ante todo necesitaba formar un buen equipo de maestros, apropiados de la institución y de su tarea diaria.

Según Jaime, “no descansé un solo minuto. Llevé capacitaciones, ayuda profesional y en un par de años era otra cara la de la Institución. Mi mayor logro fue que estuviéramos avalados por la Secretaría de Educación, la cual cada año corroboraba si podíamos o no seguir según nuestro proceder. Hasta ese momento dejaron de desconfiar de nuestra tarea”.

La escuela está más allá de las paredes

Después de esta experiencia, Jaime fue trasladado al municipio de Sopetrán. Esta vez le fue asignada la escuela de una vereda, en la que según él, “la única tarea era potenciar la calidad de quienes la habitaban”.

Consciente de que estaba en esta vereda, en la que en la mayoría de las familias tenían a su hijo o hija estudiando allí, Jaime decidió vincular a todos los habitantes de esta esquina del municipio con la Escuela. Fue así como dio lugar a la Feria de la Antioqueñidad más grande que él recuerde, a ferias artísticas y grupos de teatro integrados por campesinos de esa y otras veredas. “Todo esto, que para muchos podría ser una pérdida de tiempo, para mí se me tradujo en mejores calificaciones de los estudiantes, más apropiación de los padres y crecimiento a todo nivel de nuestra escuela”, cuenta.

De Sopetrán pasó a la Salle de Campo Amor. Allí su mayor tarea fue conservar el carácter moral de la Institución, pese a que había pasado de ser religiosa a una I.E. laica. Allí su experiencia no fue menos alentadora, por el contrario, cuenta con agrado su papel como articulador de sueños, buenas relaciones y mejoramiento académico.

Ser el mejor es cuestión de voluntad

Hace ya más de una década Jaime Sierra ocupa el cargo de rector en la Institución Educativa José Acevedo y Gómez, ubicada en el barrio Guayabal. Es allí donde dice,  ha adquirido sus mayores aprendizajes, sus más grandes alegrías y donde se ha trazado sus más representativos retos.

Cuando llegó a esta I.E. se encontró con una comunidad muy conservadora, que discriminaba a quienes estudiaban allí pues los consideraban según sus propias palabras “estudiantes desajustados”. En este plantel estudiaban jóvenes integrantes de grupos delincuenciales, farmacodependientes y había en esa época una concepción del sexo muy diferente a la de responsabilidad y amor.

“Pudiéramos decir que en la José Acevedo yo construí y deconstruí el concepto de qué es educar. Podemos decir que todo lo que hice antes de estar en este puesto, fue apenas una antesala para esta gran experiencia”, agrega.

Como jocosamente lo dice, “para una institución en la que todos los índices de problemáticas eran altos”, la idea era llegar con aspiraciones igualmente altas y con compromisos, más que represivos, incluyentes y que permitieran transformar vidas.

“Y ¿qué más manual para la inclusión que la Constitución del 91? Ese, podríamos decir, es nuestro gran  manual de convivencia. ¡Ojo! No es alcahuetería, es comprensión y diálogo orientados al cambio.  Entendimos además, con la ley general de educación que la educación es un derecho y no un servicio, y en eso, basamos la que hasta hoy es nuestra propuesta educativa”, puntualiza Jaime.

Un modelo hecho a la medida

Su trayectoria en la institución y la compañía de un equipo de docentes apropiado de sus tareas y amantes de su labor, han llevado a que la I.E. José Acevedo y Gómez tenga hoy una ruta de formación en valores, sexualidad, convivencia y drogadicción hecha a la medida.

Y no sólo eso, el  modelo académico también fue diseñado según las propias necesidades. “Es por eso que capacitamos a nuestros estudiantes  para que ellos mismos se hagan responsables de su conocimiento y su progreso, y lo evidencien a través de la autoevaluación”, comenta.

Hoy por hoy el nivel académico de la institución ha subido significativamente. Los índices que hace 16 años  todos eran altos, han bajado sustancialmente; existen en la Institución 93 niños con necesidades educativas especiales, 86 desplazados y el 50 por ciento de la población pertenece a los niveles 1 y 2 del Sisbén.

“Y, con todo y estas dificultades, hacemos parte del pull de los mejores”.  Seis premios Medellín la Más educada, constantes reconocimientos nacionales, locales e internacionales a la Institución son garantes de esto”, dice con orgullo.

Pero ser el mejor también se debe al intenso trabajo de Jaime Sierra por mejorar su calidad académica. Hoy por hoy tiene un pregrado, especialización, maestría y doctorado Honoris Causa, todos en el área de pedagógica y administración educativa.

“Si me preguntan por mi secreto para alcanzar lo que llevo hasta hoy,  diría que es la voluntad, la valentía para pensar que ningún reto es grande si uno tiene compromiso, además de la buena gestión, la preparación académica continua y la actuación siempre en el marco del respeto a los derechos”, concluye Jaime Sierra. 

 

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